¡Vaya!
Veo que esto ha cambiado bastante desde la última vez que entré. Ya hace algún tiempo... Y es que perdí la motivación, al ver que lo que escribo ha ido perdiendo poder a medida que el tiempo ha ido pasando. Quizás haya sido por culpa de Twitter, quién ha absorbido mis pensamientos además plasmarlos. Donde hay mucho más público hay que añadir, porque... admitamoslo... me encanta que se metan en mi cabeza y me saquen mis ideas. Las fluyentes palabras de mi mente.
¿Alguien se ha preguntado como serán? Las palabras digo. Las palabras que todos pronunciamos en nuestra cabeza. Las escritas es obvio, y las orales son aire o sonido, como queráis verlo. Pero ¿Y las mentales? ¿Y los hilos de pensamiento que se nos cruzan en días de trabajos y en las noches en vela? ¿Cómo serán?
En fin.
La verdad es que me gustaría hacer un lavado en el blog. Quitar esas entradas... que no me gustan. Dejar las genialosas y volver a escribir con el ímpetu de antaño. Pero prefiero dejarlas, porque al fin y al cabo reflejan un tiempo de mi vida. Confio pues en volver renovado. Una amiga me ha recordado el valor de escribir y creo que es una buena idea. Espero, que en este tiempo o en otro, al menos, alguien me lea. Pues para eso escribe el hombre desde la antigüedad. Para darle forma a esos hilos de pensamiento. Para que alguien mire dentro de ellos... a través de nosotros...
Pensamientos, historias fantásticas, relatos llenos de nostalgia, felicidad y tragedia, fotos que te arrancaran las palabras de la boca, ignorancia que quiere aprender, sabiduría que quiere enseñar. Un lugar para recordar lo que es olvidar.
viernes, 13 de abril de 2012
domingo, 19 de febrero de 2012
Abismo
Se fue. Otra vez.
Siempre separados. Hacemos lo inhumano para estar juntos, pero no es suficiente. Podría pasarme la eternidad besando sus labios, acariciando sus suaves mejillas. Una eternidad corta, pues siempre acaba. Un adiós, un nos vemos, un te llamo por la noche. Un leve gesto de muñeca con la mano. Un hasta que nunca va acompañado de un mañana.
Me duele. Pero más me duele su miedo a saltar, su miedo a cerrar los ojos y dejarse llevar. Esos labios que me evitan, esas mejillas que se esconden. Sé que está al borde, pero no da un paso más, al vacío, a caer de espaldas a mis brazos, a la nada. Donde está el todo. Por suerte hay algo más fuerte que su miedo, hay algo más fuerte que mi impaciencia. Más fuerte que el tiempo, la distancia, la nada, los siempre y los nunca.
Demasiados siempre. Demasiados nunca. Demasiada eternidad. Pero que más da, que los hasta no lleven mañana. Esta noche es nuestra, y eso, nadie nos lo puede quitar.
Siempre separados. Hacemos lo inhumano para estar juntos, pero no es suficiente. Podría pasarme la eternidad besando sus labios, acariciando sus suaves mejillas. Una eternidad corta, pues siempre acaba. Un adiós, un nos vemos, un te llamo por la noche. Un leve gesto de muñeca con la mano. Un hasta que nunca va acompañado de un mañana.
Me duele. Pero más me duele su miedo a saltar, su miedo a cerrar los ojos y dejarse llevar. Esos labios que me evitan, esas mejillas que se esconden. Sé que está al borde, pero no da un paso más, al vacío, a caer de espaldas a mis brazos, a la nada. Donde está el todo. Por suerte hay algo más fuerte que su miedo, hay algo más fuerte que mi impaciencia. Más fuerte que el tiempo, la distancia, la nada, los siempre y los nunca.
Demasiados siempre. Demasiados nunca. Demasiada eternidad. Pero que más da, que los hasta no lleven mañana. Esta noche es nuestra, y eso, nadie nos lo puede quitar.
lunes, 13 de febrero de 2012
Balada triste de sollozos.
Hipnotizado sería una buena definición para describir a alguien que mira una llama. Engatusado por su luz, su calor y su confort. Hechizado, como si todo a su alrededor de repente hubiese desaparecido. Clavado, sus pupilas han sido atrapadas en la llama y no se pueden soltar. Pero lo hacen. Apartas la vista, agitas la cerilla y la llama se apaga. Un simple gesto de muñeca y todo ha acabado.
Hipnotizado sería una buena definición para describir a alguien que mira al pasado. Engatusado por los buenos recuerdos, por los viejos yo's, por los viejos ellos. Hechizado, como si el presente y el futuro sólo fuesen el propio pasado alargado. Clavado, sus esperanzas y sus miedos han sido atrapados en el pasado y no se pueden escapar. Pero lo hacen. Apartas las imágenes de tu cabeza, cierras el baul de los recuerdos y das un paso al frente. Un simple gesto de muñeca y todo ha acabado.
Hay personas que simplemente no pueden vivir con otras personas. ¿Y los mejores amigos? ¿La teoría lleva a pensar que sí, no? Pero mi experiencia me ha demostrado que no. Entonces, o la teoría está mal, o el desarrollo está mal. ¿Era mi mejor amigo? ¿o más bien simplemente quería que lo fuese? Eramos totalmente distintos. "Eso es lo bueno!" dicen algunos. "Las diferencias son las que unen". Sí, si las diferencias se complementan, no si se aplastan una sobre la otra.
Realmente...
Siempre me sentí solo.
Hipnotizado sería una buena definición para describir a alguien que mira al pasado. Engatusado por los buenos recuerdos, por los viejos yo's, por los viejos ellos. Hechizado, como si el presente y el futuro sólo fuesen el propio pasado alargado. Clavado, sus esperanzas y sus miedos han sido atrapados en el pasado y no se pueden escapar. Pero lo hacen. Apartas las imágenes de tu cabeza, cierras el baul de los recuerdos y das un paso al frente. Un simple gesto de muñeca y todo ha acabado.
Hay personas que simplemente no pueden vivir con otras personas. ¿Y los mejores amigos? ¿La teoría lleva a pensar que sí, no? Pero mi experiencia me ha demostrado que no. Entonces, o la teoría está mal, o el desarrollo está mal. ¿Era mi mejor amigo? ¿o más bien simplemente quería que lo fuese? Eramos totalmente distintos. "Eso es lo bueno!" dicen algunos. "Las diferencias son las que unen". Sí, si las diferencias se complementan, no si se aplastan una sobre la otra.
Realmente...
Siempre me sentí solo.
Al menos ahora, la elección es mía.
miércoles, 4 de enero de 2012
La conclusión
Releyendo mis entradas antiguas, de hace más o menos un año me doy cuenta de lo bien que escribía, de los temas que tocaba. Esto ha degenerado en algún tipo de diario adolescente despreocupado. ¿He caído al final en la normalidad? Ugh...
Antes era un proscrito del silencio, un vagabundo de la penumbra... ¿y ahora? Una colegiala tímida. Creo ya saber porqué perdí mi inspiración, y es realmente que nunca me abandonó. Siempre estuvo conmigo, latente. Simplemente, no necesitaba que saliese a defenderme, a consolarme, a abrazarme de los múltiples entrecruzados pensamientos que atormentaban mi ser. En conclusión: Sufría... sufría por no tener familia y estar en la más oscuridad de la supervivencia en soledad . Sufría por los amigos que no me consideraban una amistad o que nunca llegaron a demotrármelo. Sólo conocidos con cierta confianza. Sufría de amor. No de amor no correspondido, sino de amor inexistente, de amor indiferente. El mismo amor que huyó hace años de mi vida dejando un vació de pesadillas y tinieblas en mi corazón, marchitándolo, como la flor que muere poco a poco ahogándose en un vaso de agua que no se renueva.
¿A donde huía? ¿A quién abrazaba? ¿A qué gritaba? ¿Cómo me consolaba? Palabras. Esa es la respuesta a todas esas preguntas. Leía, escribía. Buceaba en los párrafos, jugaba con las metáforas, me sumergía en los sueños y salía al mundo real, hidratado otra vez de esa energía que sólo Ellas pueden aportar, transmitir, regalar.
¿Ahora? Bueno... supongo mi ingenio se hartó y decidió superar todos los obstáculos. Me fortalecí. Ahora sé quien es mi familia, sé quienes son mis amigos y he plantado la flor de mi corazón en la tierra de los sueños. Lugar donde una parte de mí todavía vive, mezclándose con la gris realidad para darle una gama de matices sólo visibles para aquellos que ya la han visto antes. Ya no necesito las palabras como antes, como medicina. Pero no puedo permitir prostituirlas como estas últimas entradas. Arte, placer, alma. Usaré esa armonía.
Antes era un proscrito del silencio, un vagabundo de la penumbra... ¿y ahora? Una colegiala tímida. Creo ya saber porqué perdí mi inspiración, y es realmente que nunca me abandonó. Siempre estuvo conmigo, latente. Simplemente, no necesitaba que saliese a defenderme, a consolarme, a abrazarme de los múltiples entrecruzados pensamientos que atormentaban mi ser. En conclusión: Sufría... sufría por no tener familia y estar en la más oscuridad de la supervivencia en soledad . Sufría por los amigos que no me consideraban una amistad o que nunca llegaron a demotrármelo. Sólo conocidos con cierta confianza. Sufría de amor. No de amor no correspondido, sino de amor inexistente, de amor indiferente. El mismo amor que huyó hace años de mi vida dejando un vació de pesadillas y tinieblas en mi corazón, marchitándolo, como la flor que muere poco a poco ahogándose en un vaso de agua que no se renueva.¿A donde huía? ¿A quién abrazaba? ¿A qué gritaba? ¿Cómo me consolaba? Palabras. Esa es la respuesta a todas esas preguntas. Leía, escribía. Buceaba en los párrafos, jugaba con las metáforas, me sumergía en los sueños y salía al mundo real, hidratado otra vez de esa energía que sólo Ellas pueden aportar, transmitir, regalar.
¿Ahora? Bueno... supongo mi ingenio se hartó y decidió superar todos los obstáculos. Me fortalecí. Ahora sé quien es mi familia, sé quienes son mis amigos y he plantado la flor de mi corazón en la tierra de los sueños. Lugar donde una parte de mí todavía vive, mezclándose con la gris realidad para darle una gama de matices sólo visibles para aquellos que ya la han visto antes. Ya no necesito las palabras como antes, como medicina. Pero no puedo permitir prostituirlas como estas últimas entradas. Arte, placer, alma. Usaré esa armonía.
sábado, 31 de diciembre de 2011
Voy a contar su historia.
Esta es una de esas historias que dependen del tiempo para ser interpretadas. Tal vez llegué a ser una historia bonita, como otras tantas, o que se convierta en una historia triste, como muchas...
Yo siempre he sido una persona solitaria. Acostumbro a estar solo. Tengo a mi familia y a mis amigos, sí, que son los mejores. Pero siempre tendré un vacío, una soledad que sólo el amor puede llenar. Un amor que nunca llega. No es algo que se pueda elegir, no es algo que se pueda forzar. Es algo que cuando llega multiplica exponencialmente cualquier sensación, cualquier sentimiento. Todo queda tan frió después de su ida... Algunos creen que amar es sufrir, otros que es felicidad. La verdad es que es ambas cosas.
Esta historia comienza donde suelen comenzar este tipo de historias, cuando la conocí, allá por el verano de 2011. Yo tuve mi primer amor hacía muchos años, y creía que ya no podría volver a repetirlo, que la vida no me presentaría una segunda oportunidad. Sin embargo esa chica despertó algo. No le hice caso. En mi búsqueda para llenar ese vacío había cometido muchos errores por "caprichos" y me había equivocado demasiadas veces, estaba escéptico con mis sentimientos y no quería herir a más gente. Aun así, congeniamos como con pocas personas he congeniado. Durante meses disfrutábamos el uno con el otro, incluso llegué a querer decirle que podíamos intentarlo, y por aquellos tiempos estoy seguro de que ella también quería. No otra vez.
Pero seguí cometiendo errores...
Pensando que era un capricho más, haciendo oídos sordos a mi corazón empecé a distanciarme de ella. Si yo tenía razón la olvidaría en unas semanas, si mi corazón la tenía pues volvía a hablar con ella y tan sencillo. Ojalá nunca lo hubiera hecho. Más o menos pasó un mes, y nos vimos por azares del destino. Somos amigos, así que echamos la tarde juntos. Todo ese mes intentando olvidarla fue vilmente en vano, porque al verla quedé totalmente prendido de ella. Comprendí entonces que me equivoqué, que realmente mi corazón tenía razón, que la vida me había otorgado una segunda oportunidad... pero no fue sencillo.
Ahora me encuentro en ese momento crucial, escribiendo la historia todavía, con final abierto totalmente. Sin embargo, ahora sé que ya no está sola, que he llegado tarde, que algún loco le ha puesto el ojo también. Los nervios, la impotencia me juegan malas pasadas... no sé que hacer. Se me pasan por la cabeza todas las peores cosas que pueden pasar y eso me bloquea, me paraliza. Pero la vida tendrá que ponérmelo mucho más difícil si cree que con eso podrá hacerme retroceder. Las oportunidades no llegan, se aprovechan, y yo no pienso dejar escapar esta.
Yo siempre he sido una persona solitaria. Acostumbro a estar solo. Tengo a mi familia y a mis amigos, sí, que son los mejores. Pero siempre tendré un vacío, una soledad que sólo el amor puede llenar. Un amor que nunca llega. No es algo que se pueda elegir, no es algo que se pueda forzar. Es algo que cuando llega multiplica exponencialmente cualquier sensación, cualquier sentimiento. Todo queda tan frió después de su ida... Algunos creen que amar es sufrir, otros que es felicidad. La verdad es que es ambas cosas.
Esta historia comienza donde suelen comenzar este tipo de historias, cuando la conocí, allá por el verano de 2011. Yo tuve mi primer amor hacía muchos años, y creía que ya no podría volver a repetirlo, que la vida no me presentaría una segunda oportunidad. Sin embargo esa chica despertó algo. No le hice caso. En mi búsqueda para llenar ese vacío había cometido muchos errores por "caprichos" y me había equivocado demasiadas veces, estaba escéptico con mis sentimientos y no quería herir a más gente. Aun así, congeniamos como con pocas personas he congeniado. Durante meses disfrutábamos el uno con el otro, incluso llegué a querer decirle que podíamos intentarlo, y por aquellos tiempos estoy seguro de que ella también quería. No otra vez.
Pero seguí cometiendo errores...
Ahora me encuentro en ese momento crucial, escribiendo la historia todavía, con final abierto totalmente. Sin embargo, ahora sé que ya no está sola, que he llegado tarde, que algún loco le ha puesto el ojo también. Los nervios, la impotencia me juegan malas pasadas... no sé que hacer. Se me pasan por la cabeza todas las peores cosas que pueden pasar y eso me bloquea, me paraliza. Pero la vida tendrá que ponérmelo mucho más difícil si cree que con eso podrá hacerme retroceder. Las oportunidades no llegan, se aprovechan, y yo no pienso dejar escapar esta.
martes, 20 de diciembre de 2011
La pastilla
Últimamente es una pregunta que ronda mucho mi cabeza: "¿Quién soy?"
Llego a mis límites, una y otra vez, y no soy capaz de sobrepasarlos. Puedo, pero no lo hago. Lo que me lleva a preguntarme: ¿Realmente puedo? Creo que sí, pero entonces ¿Por qué no lo hago? Busco respuestas, muchas respuestas y en su búsqueda sólo encuentro preguntas, más preguntas. Quizás yo no sea más que una ilusión hecha por mi mismo de lo que realmente soy. Es decir, yo existo en mi mente pero no en la realidad colectiva. Entonces, ¿Quién soy? ¿Soy el yo que creo ser? ¿Soy el que no puede, al que veo en tercera persona? ¿Soy todos a la vez?
Vivo en una atmosfera gris, apagada. Todo a mi alrededor es acolor, sin tonalidades. Frío. ¿Qué es un médico sin pacientes que tratar? ¿Qué es un gobernante sin pueblo al que gobernar? ¿Qué es un loco sin cordura que burlar? La realidad es difusa, abstracta. Se escapa como el agua en una cesta de mimbre.
Si Morfeo me diese a elegir ahora, elegiría ser un hombre normal. Cumpliendo sus obligaciones sin preguntarse porqué lo hace, vivir su vida sin preguntarse porqué vive, ser él mismo sin preguntarse porqué es él mismo... porque... ¿sería él mismo o él de otro?
Mierda... ya me he vuelto a equivocar de pastilla.
Llego a mis límites, una y otra vez, y no soy capaz de sobrepasarlos. Puedo, pero no lo hago. Lo que me lleva a preguntarme: ¿Realmente puedo? Creo que sí, pero entonces ¿Por qué no lo hago? Busco respuestas, muchas respuestas y en su búsqueda sólo encuentro preguntas, más preguntas. Quizás yo no sea más que una ilusión hecha por mi mismo de lo que realmente soy. Es decir, yo existo en mi mente pero no en la realidad colectiva. Entonces, ¿Quién soy? ¿Soy el yo que creo ser? ¿Soy el que no puede, al que veo en tercera persona? ¿Soy todos a la vez?
Vivo en una atmosfera gris, apagada. Todo a mi alrededor es acolor, sin tonalidades. Frío. ¿Qué es un médico sin pacientes que tratar? ¿Qué es un gobernante sin pueblo al que gobernar? ¿Qué es un loco sin cordura que burlar? La realidad es difusa, abstracta. Se escapa como el agua en una cesta de mimbre.
Si Morfeo me diese a elegir ahora, elegiría ser un hombre normal. Cumpliendo sus obligaciones sin preguntarse porqué lo hace, vivir su vida sin preguntarse porqué vive, ser él mismo sin preguntarse porqué es él mismo... porque... ¿sería él mismo o él de otro?
Mierda... ya me he vuelto a equivocar de pastilla.
martes, 6 de septiembre de 2011
C'est fini.
Pasaron tres meses. Víctimas de la guerra, que resucitaban del olvido. Fue muy duro el camino de regreso, fueron muy agónicos los últimos instantes. Incertidumbre, miedo y terror, nervios e impaciencia. Sudores fríos que helaban los corazones de los valientes, estómagos que derrumbaban a los más resistentes, pero todos volvíamos. Lo necesitábamos, volver a casa, acabar, dar carpetazo a esta maldita contienda que se habría cobrado nuestra alma.
Fue entonces cuando recibimos la recompensa por el castigo infligido, y todos allí nos reencontramos con nuestra meta, donde los sudores desparecían y los estómagos se calmaban. Allí era donde los ojos brillaban con más fuerza que el sol, donde las sonrisas y abrazos de la victoria cobraban un ansiado protagonismo, que ni el lado más doloroso de todo podía tumbar. Pues no todos lo habíamos conseguidos. Allí también había algunos que buscaban a sus combatientes, que no llegaron. Llorando, de impotencia y melancolía, se tiraban al suelo derrotados. No podía evitar mirarlos con pena, agradeciendo a los cuatro vientos no compartir su aciago destino. A mí ahora me aguardan otras batallas, pero sobretodo, la gloria de los supervivientes, que ni es gloria ni victoria, sólo ganas de vivir y seguir adelante. Una mirada de tristeza por los que no han podido tener un futuro, y una de esperanza por aquellos a los que la vida no les ha derrocado aun.
Fue entonces cuando recibimos la recompensa por el castigo infligido, y todos allí nos reencontramos con nuestra meta, donde los sudores desparecían y los estómagos se calmaban. Allí era donde los ojos brillaban con más fuerza que el sol, donde las sonrisas y abrazos de la victoria cobraban un ansiado protagonismo, que ni el lado más doloroso de todo podía tumbar. Pues no todos lo habíamos conseguidos. Allí también había algunos que buscaban a sus combatientes, que no llegaron. Llorando, de impotencia y melancolía, se tiraban al suelo derrotados. No podía evitar mirarlos con pena, agradeciendo a los cuatro vientos no compartir su aciago destino. A mí ahora me aguardan otras batallas, pero sobretodo, la gloria de los supervivientes, que ni es gloria ni victoria, sólo ganas de vivir y seguir adelante. Una mirada de tristeza por los que no han podido tener un futuro, y una de esperanza por aquellos a los que la vida no les ha derrocado aun.
Fin
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